Hay un momento en muchas relaciones en el que aparece una sensación difícil de explicar. No es amor pleno, pero tampoco es ruptura. No es estar bien, pero tampoco estar del todo mal.

Es estar en medio. Y en ese lugar aparece una doble emoción que pesa mucho: el miedo a quedarte sola y el miedo a quedarte así.

Cuando ninguna opción parece buena

Por un lado, está el miedo a la soledad. A llegar a casa y no tener a nadie. Un empezar de nuevo. A sentir que “fracasaste”. A pensar si te arrepentirás.

Por otro lado, está el miedo a seguir igual. A conformarte. A apagar poco a poco lo que sientes. A mirarte dentro de unos años y no reconocerte.

Y entonces te quedas quieta. No porque estés bien, sino porque decides da vértigo.

El miedo a la soledad no siempre es miedo a estar sola

Muchas mujeres no temen estar solas, sino todo lo que esa soledad representa.

Miedo a:

*No sentirse elegidos

*No volver a conectar con alguien

*Tener que reconstruirse emocionalmente

*Escuchar opiniones de terceros

*Dudar de si tomó la decisión correcta

A veces, el miedo no es a la soledad en sí, sino al proceso que viene con ella.

El miedo a quedarte así es más silencioso

Este miedo no siempre se dice en voz alta. Es más sutil, pero igual de fuerte.

Es pensar:

*“¿Y si esto es lo máximo a lo que puedo aspirar?”

*“¿Y si me acostumbro y dejo de sentir?”

“¿Y si un día me doy cuenta de que me quedó por miedo?”

*Es el miedo a vivir una vida que no termina de sentirse tuya.

Y ese miedo suele aparecer cuando llevas tiempo callando lo que te pasa.

Cuando te quedas por miedo, algo dentro se apaga

Quedarte en una relación solo por miedo, no siempre se nota desde fuera. Desde dentro, sí.

Poco a poco:

*Te conformas

*Justificas lo que te duele

*Te adaptas más de la cuenta

*Te dices que no es tan grave

Hasta que un día te sientes desconectada de ti misma.

No porque no seas fuerte, sino porque llevas demasiado tiempo ignorándote.

No todo es blanco o negro

Elegir no siempre significa irse o quedarse para siempre. A veces, elige es mirar de frente lo que está pasando.

Elegir puede ser:

*Hablar con honestidad

*Poner límites

*Pedir lo que necesitas

*Ver si hay respuesta real

*Darse un tiempo emocional

No decidir también es una decisión. Pero no tiene por qué ser permanente.

Escucharte no te obliga a irte

Escuchar lo que sientes no significa que tengas que terminar la relación mañana. Significa que deja de mentirte.

Puedes quedarte y trabajar la relación. Puedes irte. No puedes saber todavía.

Lo importante es que la decisión no venga solo del miedo.

El miedo no es una buena brújula

El miedo protege, pero también limita. Y cuando es el miedo el que decide, casi siempre lo hace en contra de lo que necesitas.

No se trata de ser valiente todo el tiempo. Se trata de ser honesta contigo.

Pregúntate:

¿Me quedo por amor o por miedo?

¿Estoy creciendo o apagándome?

¿Me siento acompañado o solo acompañado?

Las respuestas no siempre llegan rápido, pero aparecen cuando te escuchas.

Mereces una vida que no se sienta como un sacrificio constante

Estar en pareja no debería sentirse como una renuncia continua. Ni irte debería sentirte como un castigo.

No hay decisiones fáciles, pero sí decisiones más fieles a ti. Y si hoy estás entre el miedo a quedarte sola y el miedo a quedarte así, recuerda algo importante: no tienes que decidirlo todo ahora.

Pero sí mereces empezar a escucharte.