El arte de no hacer nada: Mi refugio contra el ruido del mundo


Seguro que te ha pasado: te sientas un momento, y de repente esa vocecita interna empieza a susurrarte que deberías estar haciendo "algo de provecho". Que hay un correo sin contestar, una lavadora que colgar o un proyecto que terminar. Parece que en el mundo de hoy, estar ocupada es una medalla de honor y el descanso, un pecado.

Sin embargo, si algo intento defender en este rincón, es precisamente lo contrario. Yo aplico, con orgullo y a diario, el arte de no hacer nada. No como un acto de pereza, sino como un acto de resistencia y, sobre todo, de salud.

Mi ritual de silencio: El rincón de mis plantas

Para mí, el arte de no hacer nada tiene un escenario muy concreto. Mi refugio es ese pequeño rincón donde mis plantas crecen a su ritmo, recordándome que la vida no siempre tiene que ser una carrera.

Allí, apago el ruido. Y cuando digo ruido, no solo me refiero al sonido exterior, sino al digital: la televisión se queda en negro, las redes sociales se silencian y el móvil desaparece de mi vista. En su lugar, elijo encender una vela o dejar que el aroma de un incienso envuelva la habitación.

En ese momento, simplemente estoy.

No leo, no planifico, no reviso listas. Solo observo el verde de las hojas, el baile de la llama de la vela y el rastro del humo del incienso. Es un ejercicio de desconexión total del "ruido de fondo" que arrastramos durante todo el día. Al principio, la mente intenta saltar de un pensamiento a otro, pero poco a poco, el silencio gana la batalla.

Lo que sucede cuando no sucede "nada"

Muchos piensan que este tiempo es tiempo perdido, pero yo he descubierto que es el más productivo de mi día. Cuando permito que mi mente se quede en blanco:

  • Mis emociones se asientan: Lo que me agobiaba por la mañana, de repente, parece más pequeño.

  • Recupero mi energía: No es solo descanso físico, es un reseteo mental.

  • Vuelvo a ser yo: Dejo de ser la persona que "cumple tareas" para ser, simplemente, Rosma.

No estamos rotas por necesitar parar; estamos vivas, y vivir también es contemplar.

Y tú, ¿tienes un rincón donde el tiempo se detenga? 

No tiene por qué ser perfecto, solo tiene que ser tuyo. Te invito a que hoy, aunque sea solo por cinco minutos, apagues el ruido y te permitas el lujo de, simplemente, no hacer nada. Cuéntame en los comentarios si tú también tienes ese pequeño refugio o si te cuesta encontrar ese momento de paz. Me encantará leerte.

Con cariño,

Rosma.