14 abril 2019

Anonimato en la red y libertinaje digital




¿Hasta dónde se puede consentir el anonimato en la red para que las personas den rienda suelta a sus frustraciones, odios, mentiras y manipulación? El libertinaje digital es la “enfermedad del siglo XXI”

Hoy en día la información al minuto la seguimos en red por los distintos medios digitales con los cuales contamos. A veces es tanta la saturación que no sabes qué es verdad o mentira. Se necesita de un gran ejercicio mental para no terminar en un laberinto digital. Las tan populares “fake news” son imparables y se pueden convertir en una noticia tan creíble como que la semana tiene siete días.

Finalmente se termina leyendo los medios que dentro de cada opinión son los más creíbles y descartas la paja o aquellos medios que simplemente quieren tener visitas sin importarle la credibilidad. No olvidemos que toda esta maraña digital se mantiene de publicidad, visitas y algoritmos. Por tanto la profesionalidad, cada día más, brilla por su ausencia.



Desde que entramos a formar parte del sistema digital donde todos opinamos, casi siempre bajo el anonimato esto se ha convertido en la jungla digital. Famosos, políticos, escritores, actores o incluso dentro de pequeñas redes entre amigos o conocidos. Se puede decir que cualquier personaje público, en mayor o menor medida, son y serán siempre el centro de opinión, crítica y pocas veces alabanza o vete tú a saber lo que toca.

Desde entonces hay infinidad de denuncias por difamación, mentiras y sobre todo vulnerar la privacidad y, en algunos casos, el honor de la persona. No todo vale en la red para intentar desprestigiar a una persona. Con el tiempo van a tener que inventar una especie de “policía en red” para empezar a penalizar ese tipo de libertinaje digital.

No quiero ni contar como se incrementa esta locura digital en los pequeños medios de provincia. Se diría que hay personas que deben tener un despertador que les avisa de las noticias que van saliendo para hacer acto de presencia con sus comentarios anónimos y sus videncias cual bola de cristal. Es tal la locura y la desvergüenza anónima que te planteas si detrás de ese pc, móvil o tablet hay realmente una  persona o el mismísimo satanás reencarnado en clics.

En este tipo de diarios, al parecer, todo les vale y no hay una política en cuanto a los comentarios o baneo cuando éstos son completamente inapropiados. Mayormente siempre son el mismo tipo de perfil se diría que están abonados o se llevan comisión por ello. Pero en el libertinaje digital no todo vale.

Este tipo de comportamiento bajo el anonimato son perfiles que demuestran una falta de empatía y son ratas de red. Da igual la noticia que salga ellos siempre están ahí para cumplir con su “terapia diaria”. Siempre se les ha llamado “trolls” porque su único cometido es comentar negativamente, ofender y sobre todo manipular sin ningún escrúpulo.

No quiero ni pensar en estos días en las cuales ha comenzado la campaña electoral la cantidad de personas que se verán atacadas por este tipo de personajes que viven por y para desprestigiar. Se tienen que armar de mucha paciencia o, a lo sumo, abstenerse de entrar en este tipo de diarios “del tres al cuarto” porque lo único que conseguirán, al no ser que sean inmunes, será llevarse malos ratos.


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