28 octubre 2013

No hacer nada significa tragar con todo lo que tenemos


Hace unos días mantuve una conversación con familia que no viven en España pero que sin embargo pasan algunas temporadas aquí, la madre es española aunque sus padres emigraron muy jóvenes a Brasil. Fue por aquella época de la transición y demás mamandurrias –como diría la Espe- que pasaron en nuestro país y que parece hemos olvidado en la memoria.

Aprovechando que ha sido una semana toledana en cuanto a movilizaciones debido a la huelga por una educación, pública, laica y sin distinciones, los visitantes y turistas lo han ‘flipado’. Lo han ‘flipado’ porque aseguran somos muy pasivos. Si retomo la conversación con hijos que emigraron fuera de España hace décadas, y fue por una circunstancias similares a las de ahora, no les entra en la cabeza que mi país sea una panda de aborregados que ve la vida pasar a golpe de pérdida de derechos y no hagamos nada. Textualmente me han dicho que ‘no tenemos pelotas’. Aunque los expertos dicen que vivimos en la conciencia del miedo.



A mi realmente me preocupa esta imagen que estamos dando, ya no a nivel político y el papanatas que tenemos de presidente, más bien a nivel ciudadano que parece nos dan un tortazo en la mejilla y ponemos la otra. La gente habla en el bús, en las redes sociales, en la panadería…. Todos están que trinan con la situación y la pérdida de derechos pero sin embargo ¿qué hacemos? Nada. Nada dicen que podemos hacer más que esperar a las próximas elecciones y dar un voto útil aquellos que sean capaces de devolvernos todo lo que nos han quitado, y no solo económicamente, los derechos adquiridos en grandes revueltas del pasado brillan por su ausencia y tardaremos más de una legislatura en recuperarlos, tanto que muchas personas mayores no tendrán la calidad de vida que se merecen después de estar toda una vida trabajando. Porque esa es otra, los jubilados van perdiendo poder adquisitivo y eso sin hablar de las medicinas que tienen que pagarse con bajas pensiones o el intento de privatizar la sanidad, que ha sido el buque insignia en este mi país, aunque haya personas que no la valoren y confíen más en la privada que en la pública, y para ellos, les importará un pepino verde.

También me  preocupa el país que dejaremos a nuestros hijos. Si mis padres y abuelos me dejaron un país con derechos, yo no puedo decir lo mismo, mi hija heredará un país de sumisos aborregados que tiene lo que se merece ¡menuda herencia!. El estado de derecho está quebrado, tocado y hundido. Pero sin embargo, nos gusta ver llover desde la ventana y no mojarnos mucho no sea cojamos catarro porque no estamos vacunados para protestar ni hacer nada, somos los verdaderos señoritos de la ‘no democracia’, aunque muchos nacimos en la era de Paquito, nos lo dejaron demasiado fácil como para no hacer nada en estos años de vivir en un espejismo boyante. Al final les tendremos que dar la razón a todos aquellos que dicen que ‘tenemos lo que nos merecemos’. Obvio. Porque sí, hay movilizaciones pero como diría mi padres ‘cada puta por su lado’ pocos y mal avenidos, tan solo protestamos en 'petit comité' y si nos toca directamente, porque el 'ande yo caliente ríase la gente', es lo que verdaderamente importa. 

Pero hay otra parte que yo suelo darle muchas vueltas. No me cabe en la cabeza que con seis millones de parados, el copago sanitario que les está haciendo la puñeta a enfermos y jubilados, trabajos precarios, subida de luz, pérdida de poder adquisitivo, desaparición de la clase media, impuestos y todo lo habido por subir, estemos mirando al sol -que no cara al sol- con una sombrilla. Estamos locos o ¿qué? O es que realmente somos los herederos cómodos que no sabemos menear el culo del sofá al no ser que nos toque directamente una causa como un, desahucio, pérdida de trabajo, etc. Creo que la solidaridad brilla por su ausencia en este país y hablar, hablamos todos, pero hacer, no hacemos nada, o mejor dicho, que se mojen otros, no sea que yo vaya a pillar un resfriado.

No sé a vosotros, pero a mí, se me remueve las tripas y la conciencia de vivir en un país de pasotas, al menos moralmente sufro cortacircuitos mentales.

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